December 18, 2018

Qué habría que preguntarse al visitar un zoológico

A propósito de la situación del Zoo porteño y su eventual “remate”, una refexión sobre la situación de los animales en cautiverio. Las preguntas que todos tendríamos que hacernos ante un modelo de encierro que hoy se vislumbra primitivo.

Nunca he considerado a los zoológicos como parques educativos. Aún el mejor de ellos es una cárcel para los animales y eso no hace a una buena educación.

Sin excepciones, los zoológicos hacen un culto al visitante humano, olvidando a los animales, que deberían ser los protagonistas indiscutidos del parque. Dentro de ellos, la fauna vive toda su vida en espacios mezquinos, mientras fuera de sus jaulas o recintos se maneja un derroche de superficies de jardines y asfaltos, juegos para niños y lugares comerciales que ocupan espacios arbitariamente ganados a costa de aquellos que deberían tener los animales.

Parques de este tipo tienen en común haber sido construidos con un criterio artístico, pero sin el espacio necesario que debiera haber para la cantidad de animales que alojan, por lo cual no cumplen con los cánones humanitarios que se manejan actualmente.

Los zoológicos ya no cuentan con el espacio respetuoso de las necesidades de cada especie, poniendo de manifiesto la dolorosa situación del cautiverio de los animales pegados a las rejas o en recintos sombríos y húmedos.

Los animales alojados en estos típicos zoológicos del pasado, que aún existen, no son más que una triste caricatura de sus hermanos en libertad. ¿Es acaso justo promover esta desvalorización de la naturaleza?

Si bien la comunidad está tomando conciencia de esta injusticia, aún debemos luchar hasta que los zoológicos den paso a las reservas naturales, por lo cual, la actitud crítica de la gente puede hacer que se acorten esos tiempos y que en el período de transición del zoológico a la reserva natural, igualmente se exijan condiciones más dignas para los animales.

Sobre la reciente noticia de que el Zoo de Buenos Aires sería subastado públicamente, decimos al Gobierno de la Ciudad que un zoológico no se entrega “al mejor postor” sin saber cuáles son las condiciones humanitarias a las que se compromete ese “mejor postor”.

Este tema debe ser analizado en profundidad por especialistas, partiendo de la base de que el zoológico porteño no tiene las dimensiones necesarias para seguir siendo explotado del modo en que se hace actualmente.

El Zoo porteño puede ser adjudicado por el período que tome trabajar para convertirlo en una reserva natural en otro predio, donde los visitantes inclusive sean los que estén encerrados (en sus autos) y los animales sueltos en las distintas áreas. 

Respeto y admiro las obras del arquitecto Thays, que se encuentran en el Zoológico, como en el Botánico y distintos barrios porteños, y me comprometo a trabajar para que sean conservadas por su innegable valor arquitectónico.

Pero los animales del zoológico merecen una reserva natural para animales en libertad. Allí se encuentran una elefanta y un chimpancé que ADDA consiguió confiscar al Circo Rodas, donde la primera vivía en un trailer y el chimpancé vestía con atuendos de ser humano.
También, hasta no hace mucho, había un león en el foso que mediante una denuncia de ADDA fue retirado de un local de fotografía del centro de la Capital, junto a otro que con los años falleció.

Para quienes quieran aportar su granito de arena a esta causa, damos una lista de lo que no debe dejar pasar el visitante de cualquier parque zoológico.

¿Son las jaulas y habitáculos muy reducidos y carentes de elementos que hacen a las características del animal?

¿Pueden los animales esconderse si lo desean?

¿Tienen posibilidades de sol y sombra?

¿Están las jaulas y habitáculos limpios? ¿O se ve materia fecal, orina, restos de alimentos en mal estado?

A la hora de comer, ¿quedan los comederos y el piso inmediatamente desprovistos de los alimentos?

¿Se ve a los animales deprimidos, demasiado inquietos, realizan movimientos recurrentes  o tienen otros comportamientos visiblemente anormales?

¿Tienen las aves posibilidades de volar en sus jaulones?

¿Existen para los animales sectores protegidos para temperaturas extremas?

¿Disponen los animales marinos de agua salada? ¿Está el agua clara y limpia? ¿Están los leones marinos vivaces? ¿Se los alimenta individualmente? Observe si sus ojos son oscuros y bien marrones o están entrecerrados y opacos. Estos animales debieran tener piel lustrosa y no denotar vértebras y costillas.

¿Hay delfines o ballenas en cautiverio?

Los animales que cavan, ¿tienen piso preparado para hacerlo?

¿Están los monos activos y en grupo o al menos en pares?

¿Elefantes y otros grandes animales tienen postes para rascarse?

¿Están todas las rejas y alambrados sanos?

¿Hay guardianes controlando a los visitantes?

Si lo que ve no lo satisface, lléguese a la oficina del Director y pida ser recibido o hacer uso del libro de quejas. Este libro debería estar siempre disponible para los visitantes. Si tras un tiempo considerable no hubiera señales de cambio, repita sus quejas para más gente, recurra a los medios de prensa.

Alguna vez, los animales tendrán que dejar de ser explotados. Si todos colaboramos, será en menos tiempo.

Martha Gutiérrez, periodista y presidente de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal (ADDA), www.adda.org.ar; adda@fibertel.com.ar