June 29, 2017

Las jineteadas, indefendibles

El maltrato a los caballos es una muestra de salvajismo, no de tradición, que además de sufrimiento ha causado la muerte de dos animales. Ellos no son objetos, sino seres sintientes.

“Exhibiciones, espectáculos y películas que involucren a animales tienen que respetar su dignidad y no deben incluir violencia alguna.” Art.5º – Declaración Universal de los Derechos del Animal

Hay tradiciones maravillosas que nos ligan a nuestro pasado con orgullo, pero hay otras que avergüenzan a más de la mitad de la población de nuestro país.

Este es el caso de las jineteadas, espectáculo violento donde participan caballos y jinetes, durante el cual los animales sufren todo tipo de castigos: tironeo de las riendas y el freno que les rompe las comisuras de la boca, golpes a destajo con la fusta y presión de las espuelas que se clavan en los ijares del animal.

Toda esta brutalidad se pone de manifiesto tan sólo como espectáculo.

Pero aún hay más, he podido ver que actualmente se estaría tratando de que mediante el tironeo de las riendas hacia atrás en extremo, el caballo tenga que quedar vertical sobre las patas traseras y termine cayendo de lomo, para que el jinete tenga la oportunidad de saltar fuera del radio de la caída, luciéndose como acróbata, pero exponiendo al animal a la fractura de cráneo y a la muerte.

Han muerto dos caballos en un mismo espectáculo y no es para menos. La brutalidad tiene a los caballos como víctimas y estos espectáculos violentos no pueden continuar.

El ser humano es el miembro del reino animal que podría discernir entre lo que está bien y lo que está mal y hacer padecer a un animal en virtud de un espectáculo, esta mal.

Las tradiciones deben revisarse a la luz de la ética, tomando en cuenta pautas de una civilización que nos ha permitido encontrar caminos más piadosos para el trato hacia los animales.

Excediéndose en sus impiadosas libertades, el ser humano sojuzga permanentemente a los caballos.

Detrás del gran título “Tradición” hay áreas comerciales interesadas en que los animales sigan en el plano de objetos de espectáculo en que hoy aún están, sin límites para lo cruel que resultan ciertas maniobras y castigos.

Ante la frecuencia de espectáculos tradicionales cargados de crueldad y de agregados novedosos en la misma línea, la comunidad tendrá que manifestarse, para poner límites a este salvajismo que no representa más que a una parte pequeña de la población.

No queremos que nuestros niños crezcan engañados, venerando tradiciones en base a crueldades hacia seres tan indefensos como los animales.

Vamos Argentina, un país no puede crecer si no revisa sus tradiciones.

* Martha Gutiérrez es periodista y presidenta de ADDA – Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal