December 18, 2018

El calvario del ganado

“Para la gran mayoría de los humanos, especialmente los de las comunidades urbanas modernas, la forma de contacto más directa con los animales no humanos se produce a la hora de las comidas, los comemos”  (Peter Singer, filósofo)

Cuando el tránsito pesado de la ruta 7 nos mantiene dentro de un automóvil, detrás o al costado de un camión de ganado entrando a la Capital, tenemos la sensación de estar cumpliendo una penitencia.

La visión nos sacude de tal manera que desearíamos poder volar sobre el transporte, doblar en U o encontrar la primera salida en forma inmediata. Pero alineados en medio del tránsito y como observadores forzados, nos vemos obligados a mantener la vista en esa masa de animales apretujados y sedientos, resbalando en su propia materia fecal y orina, y cayendo por las súbitas maniobras del camión.

Un espectáculo realmente movilizante, un golpe al corazón que hace tambalear el acondicionamiento que el humano moderno recibe de la sociedad de consumo que le protege los sentimientos al entregarle en el supermercado partes pequeñas de esos animales picadas o acondicionadas en bandejas de plástico y envueltas de tal modo que más parecen contener un adorno que trozos de animales.

En la ruta, allí adelante, van rumbo al matadero los animales que han de transformarse en la comida del hombre. Es común que se ignore el abuso de que son víctimas los animales de granja y ganado antes de llegar a la mesa de los humanos. De qué manera son transportados desde lugares muy alejados hasta el destino final, con dietas anteriores al viaje y sin agua, agotados, padeciendo el sol del verano y el frío del invierno en dirección al último eslabón de esta cadena de padecimientos, la faena.

¿Es que nada de esto podría evitarse? Al menos, podría mejorarse en gran parte dando cumplimiento a la legislación vigente, que incluso con limitaciones desde la óptica proteccionista, tendría que ser de cumplimiento regular.

Pronto estaremos en la época de calor y de los rigores del sol, no todos los camiones son ventilados y es necesario prohibir terminantemente los camiones de cereales para el transporte de animales de cualquier especie. Los animales no son objetos, son seres sensibles, y este término no se me ocurrió a mí para este artículo: ha sido aceptado por la Unión Europea para calificar a los animales en los documentos pertinentes.

La compasión no basta, es necesario traducir en acciones positivas los sentimientos piadosos. Los ciudadanos somos quienes debemos exigir a los gobernantes los cambios necesarios para lograr un trato digno para los animales. Si estos cambios no ocurren, está también en manos de los ciudadanos la forma más eficaz de demostrar su rechazo por el transporte inadecuado de animales: simplemente, no alimentarse de animales maltratados.

La autora es periodista y presidenta de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal (ADDA), adda@ fibertel.com.ar