September 22, 2014

Aves que caen de los nidos

Cada primavera, por 35 años, tuve el privilegio de recibir de la naturaleza una distinción incomparable: las golondrinas año tras año, sin faltar ninguno, eligieron mi casa para anidar.

Durante 35 años estas aves me honraron con su confianza, instalándose al alcance de la mano en mi galpón.

La distinción sin embargo tuvo su precio: en mi casa cualquier refacción arreglo dependió del presupuesto, salvo cuando se trataba del galpón, allí todo movimiento, pintura y aún limpieza profunda dependia de las golondrinas. Hay una regla de oro para vivir cerca de animales silvestres no entrometerse ni molestar.

Recuerdo que durante un verano, cuando ya habían nacido los polluelos, se me ocurrió colocarles agua y alimento cerca del hueco del galpón donde anidaban. Rechazaron mi actitud partiendo antes de tiempo. Temí que no regresaran al año siguiente, pero me dieron otra oportunidad.

Cada agosto, ruidosamente llegaban, remozaban el nido, ponían sus huevos, enseñaban a volar a sus pichones y partían para volver al año siguiente.

Asistiendo aves silvestres
Esta vecindad con las golondrinas, así como con torcazas, benteveos y otras aves que visitaban los lugares abiertos de mi casa, me sirvió para aprender a asistirlos cuando lo necesitaron. Cuando los pichones comienzan a incursionar fuera del nido, suelen tener accidentes, también ocurren algunos a las aves adultas. Veamos cómo resolverlos.

Cuando un ave vuela al interior de una casa.- Abra todas las ventanas, cierre toda abertura que conduzca al interior y haga que salga al espacio abierto por sí misma. Si no fuera posible, permítale que se asiente en un lugar seguro y cubriéndola con un paño liviano, recójala con sus dos manos soltándola en el espacio abierto.

Si un pichón no emplumado ha caído del nido,- Trate de devolverlo al nido, si volviera a caer, puede que se encuentre enfermo o disminuido y sea rechazado en la nidada. Consiga para el ayuda veterinaria. Este caso es muy difícil de solucionar, las chances de un ave en estas condiciones son escasas.

Si un ave ya emplumada estuviera herida o enferma: colóquela en una caja con agujeros y llévela a la consulta veterinaria, preferentemente a un
profesional que atienda aves. Trate de no moverla y de mantener alejados a los animales de compañía y a los niños pequeños.

Un pichón aprendiendo a volar: Veredas, balcones o terrazas suelen ser en la ciudad pistas de aterrizaje para aves en sus primeros vuelos. Al encontrarse con un pichón que no puede despegar es necesario observar: si está cubierto de plumas y parece saludable, lo más probable es que sus padres estén cerca y vengan en su ayuda. Si estuviera arrinconado o debajo de algo, trate de moverlo a lugar abierto donde sus mayores puedan hacer vuelos rasantes y en lo posible cerca del árbol donde se suponga o se vea su nido. Asegúrese de que no haya gatos cerca, aléjese y observe. Si después de un tiempo considerable sus padres no aparecen o no han tenido suerte al tratar de impulsarlo a despegar, comience a preparar alimento y agua e insista con el método anterior más tarde. No deje al picón afuera durante la noche o fuera de supervisión por tiempo prolongado.

Como alimentarlo:
Un pájaro emplumado pero no activo puede estar deshidratado. Haga una solución con una cuchara de sopa de azúcar y otra pequeña de sal en un litro de agua. Échele por fuera del pico unas gotitas, esto lo inducirá a tragar. No lo fuerce. Su comida puede ser una papilla de alimento para perros remojado a una consistencia de puré liviano también yema de huevo duro humedecida. Con un palillo de copetín introduzca porciones mínimas de comida en la boca del ave. Ellos comen muy poco pero varias veces por día. No siempre estos esfuerzos son exitosos, pero es bueno intentar.

Tuve por suerte muchos éxitos. En esos casos, recuerdo que con mis dos hijos, entonces de unos 5 y 7 años tuvimos que trabajar bastante. Se trataba de un pichón ya emplumado que había aterrizado en nuestra terraza. Llevamos adelante todo el procedimiento de alimentación y exposición pero pasó todo el día sin que sus padres vinieran a rescatarlo. Lo ingresamos a la casa por la tardecita. Al día siguiente volvimos a exponerlo cerca del árbol donde estaba su nido. Los padres comenzaron con sus vuelos rasantes mientras piaban y el pichón les respondía, pero no lograban que sus saltitos se convirtieran en despegue. Lo tomamos con nuestras manos y lo colocamos en la primera rama del árbol que le servía de morada y el se las ingenió para ir pasando de una a otra, mientras sus padres lo sobrevolaban señalándole el camino del nido.

Martha Gutiérrez
Periodista